Plomo el cielo, nubado, constelado
de finas partículas negriblancas,
que se atoran en la garganta,
endurecen los labios,
lagriman los ojos.
Avanzo poseída por la nube
que enploma mi ropa,
mis zapatos,
oscurece de blanco el pasto,
reseca el librillo a los rumiantes,
y andan los pájaros como quedos
mirando mirando
no entienden el enojo de Gaia,
sólo saben que no queda agua,
que pesan las alas,
que están deprimidos,
como el copihue colgado del arrayán,
al que le pesa el manto sobre los pétalos.
Cae, cae, no deja de caer,
aparecen paisajes lunados
de otras épocas, de otras galaxias,
y todos tosen y huelen al patecabra,
que se divierte bailando en la nube que ataca,
que echa su aroma azufrado
y plomiza la nada
y plomiza la toda
y plomiza las aguas
y enploma los pastos,
caminos grises, como si cientos de miles millones
de tanques apuraran la marcha, empolvando el follaje.
Se miran los pájaros en huelga de alas caídas,
de patas rígidas,
sorprendidas las vacas con el pasto crocante
que les parte la lengua,
les seca el librillo,
¿les secará la leche?
¿De dónde sacaremos mañana,
la vía láctea
para amamantar los niños ?
Gaia se queja
y su hálito gris plomiza la tierra.
Sílfide2011
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